Me centro en tu ojo izquierdo en busca de una respuesta y no la encuentro. Ahora lo intento fijando mi mirada en tu ojo derecho, pero tampoco me funciona. De todos modos, supongo que no es necesario que me transmitas un estímulo. Al fin y al cabo, tu silencio lo es todo. Es el símbolo de nuestro momento de mayor intimidad hasta al presente. Un momento que busca su continuidad con el acercamiento de mis labios a los tuyos.
No te hago esperar, no te hago dudar. No hay hueco para el pensamiento, ha llegado la ocasión de sentirnos.
Me lanzo en busca del contacto con tus preciosos labios. Cada vez están más cerca. Ya puedo sentir tu respiración entrecortada, el indicador de tu timidez más sincera. La proximidad entre nuestros rostros me permite apreciar, con una mayor claridad, como tus dientes se posan sobre tus labios apretándolos con extrema suavidad. Eso produce en mí una profunda excitación.
Cierro los ojos para focalizar toda mi atención en el tacto. Ya casi puedo tocarte. Falta poco. ¡Ya está! ¡Ya lo he conseguido! Mis labios están rozando y estumilando los tuyos. Al fin, nuestro mútuo amor se ha manifestado en todo su esplendor.
Es extraño, pero en ese preciso instante se ha desvanecido mi humilde vergüenza. El tiempo parece no avanzar. Ya no siento mis manos alrededor de tu cintura. El subconsciente se ha adueñado de mí y es el que controla todo mi cuerpo. Ahora mismo la realidad que estoy experimentando es demasiado placentera y mi 'yo' interior se ha ido a otra dimensión. Ya no desea volver.





















